7N, ambiente preelectoral, manzanas verdes – Reporte desde Nicaragua

Mañel Serra Ugarte
Militante de Sandinistak y acompañante electoral
2021-XI-1

En Nicaragua, donde una manzana verde llega a costar 44 pesos, así como 1,10 euros, esta sana, lujuriosa e inalcanzable fruta es desgastada por la mirada de viandantes que se les hace la boca agua. Todos y todas desean saborear la fruta del paraíso, pero conscientes de los problemas que les puede acarrear su venenoso mordisco, prefieren observarla, vigilarla y darle su tiempo hasta comprobar que no hay peligro alguno.

La paciente impaciencia de Tomás Borge nos enseñó a ser pacientes en el tiempo y prudentes en la acción y nuevamente esta medicina preventiva está demostrando que en Nicaragua todo es posible.

Cinco manzanas verdes y una roja se sientan alrededor de una mesa aliñada al estilo pinolero por las hijas de una viuda sandinista, mujer de largo recorrido, niñez somocista, pubertad exiliada, juventud victoriosa y paciente madurez. Ellas parecen quintillizas, hermosas, brillantes y muy apetecibles. Está claro que son el centro de la fiesta, que todo el mundo les vigila, porque en Nicaragua se vigila hasta al que no vigila y ellas no quieren fallar. En sus entrañas, enmascaradas por su reluciente verde piel, se esconden guardias somocistas, alegres liberales, algún taxista, un teniente coronel retirado del EPS, un sapo y un triste acompañante, toda la «bien» conocida historia de los últimos 55 años de Nicaragua. Una vez hechas las presentaciones, cada mordisco saca a relucir la acidez, la dulzura, la amargura y el silencio de unos seres que esperan pacientes al 7 de noviembre. El liberal sabe que irá con el otrora tsunami rojo de Alemán, el taxista no va a participar del «circo» electoral pero ese día hará una gran caja transportando votos rojinegros de sueños y esperanza, el guardia, siempre en silencio, pero profesor del sistema educativo sandinista, será fiel al color de su piel y votará por los conservadores, al sapo le toca trabajar como fiscal y hace halagos del gran trabajo que están realizando para que el domingo todas las mesas estén a disposición de la población, mientras, el acompañante, la manzana roja, desorbitado por semejantes pláticas, toma apuntes neuronales y Nicaragua le vuelve a sorprender.

A la vez, auto exiliados residentes y nacionalizados europeos y gringos desde los años 90, virtuosos de la prosa, «excomandantes», trovadores de golpistas, perseguidos a rebufo del dólar y negras feministas entremezcladas en la noble emigración, anuncian el fraude electoral. Este es el ambiente preelectoral que se vive en extranjero. El de izquierda izquierdas duda, el de izquierdas a secas hace prólogos de la mentira, el de centro izquierda aloja, incluso subvenciona golpes de estados y de ahí a la derecha fascista que contar.

El ambiente preelectoral, un ruido odioso en el extranjero y una respetuosa conversación en Nicaragua. No quiero convencer a nadie, porque la verdad sea dicha, me sudan los cataplines la ignorancia y el desconocimiento. Solo cuento lo que veo en Nicaragua, no soy observador, soy acompañante, y como buen acompañante fiel a esa mesa preelectoral llena de somocistas, liberales y sandinistas. Nicaragua lo ha vuelto a demostrar, todo es posible. En Nicaragua todo el mundo espera al 7 de noviembre y en esa paciente espera, se construyen escuelas, carreteras, hospitales, se reparten hatos ganaderos, paquetes alimenticios, mochilas escolares, casas familiares, etc. lo único que se destruye es el Covid-19.

¿Abstención? siempre la habido en un país que trabaja hasta en el día de los muertos, donde la soberanía alimentaria supone que cientos de miles de campesinas no abandonen sus tierras, donde un voto son horas de espera y muchísimos kilómetros a pie y dónde todavía la ingenuidad es la madre del Espíritu Santo.

Nicaragua, un país pobre a punto de conseguir un crecimiento económico del 8% después del golpe de estado y la pandemia, es además, una tierra de oportunidades, de mucho respeto y de increíble solidaridad. Todo esto provoca un hermoso ambiente de convivencia, donde todo el mundo dice lo que quiere, actúa con respeto y humildad y contagia el orgullo de ser pinolera. Como consecuencia, el ambiente preelectoral es de acachimba.

El sueño de Sandino, manzanas verdes para todas, la muerdes y no te mueres.

Eso es Tilín, dele Tilín, Vote Tilín!!

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