Memoria

Sandino: símbolo de la lucha de los pueblos de América Latina contra el imperialismo yanqui

El 18 de mayo de 1895, hace 125 años, nació en Niquinohomo, en el Departamento de Masaya, Augusto C. Sandino, quien se convertiría en la «esperanza de Nicaragua, guardián completo de la Soberanía Nacional» y «síntesis de  lo más fecundo de la experiencia popular nicaragüense», como afirmó el Comandante Carlos Fonseca.

Niquinohomo, «Valle de los Guerreros»

Niquinohomo es un pueblo pequeño, cuya toponimia de origen chorotega significa “Valle de los Guerreros”, en honor a la casta valiente y rebelde que en los tiempos antiguos habitó ese lugar.   En 1895,  en este pueblo de agricultores y artesanos, vino al mundo el niño Augusto Nicolás Calderón Sandino,  que sería más tarde un gran guerrero por la causa de la dignidad y libertad nicaragüense.

Augusto Nicolás Calderón, un hijo del amor

Fue, como el mismo le contó al periodista José Román, en las largas horas de conversación a principios de 1933, “un hijo del amor o un bastardo según los convencionalismos sociales”.   Un hijo del amor, es decir un hijo natural o fuera de matrimonio,  entre Margarita Calderón Ruíz y Gregorio Sandino Muñoz, un próspero agricultor y comerciante.  El 14 de julio de 1895, el niño Augusto Nicolás fue inscrito por Gregorio, en el registro civil de la municipalidad, pero no fue reconocido.

Los primeros años de vida de Augusto Nicolás Calderón Sandino, transcurrieron al lado de su madre, ayudándola en los cortes de café, mal vestido y peor alimentado.   «Así fui que crecí», decía el general, y bromeaba, o quizás por eso no crecí.  Los salarios eran mínimos y las tareas duras en la recolección de café, trigo, maíz, lo que les mandaran.   ¡La existencia era un dolor, un verdadero dolor!   Así, de manera natural, desde la niñez, Augusto Nicolás, experimentó la pobreza e impotencia, al no contar con el apoyo paterno y una madre empobrecida.  Cuando tenía unos 10 años de edad, su madre se fue a vivir a Granada y él decidió quedarse  a vivir con su abuela materna.

Augusto C. Sandino, en la casa paterna

Recordando su dura niñez, decía el General Sandino: “Lo cierto que pudiendo haber sido un vago y criminal, decidí ser gente, decidí llegar a ser alguien. Bueno, es el caso que un día, hambriento, haraposo y acarreando unos paquetes para ganarme unos centavos, me encontré por casualidad con mi Señor Padre en La calle. Puse los paquetes en el suelo, me arrimé a él y le interpelé llorando, pero enérgicamente: Óigame Señor ¿Soy su hijo o no? Y mi padre contestó: Sí, hijo, yo soy tu padre. Entonces yo le repliqué: Señor, si yo soy su hijo ¿Por qué no me trata usted como trata a Sócrates? Al viejo se le salieron lágrimas. Me levantó hasta su pecho. Me besó y me abrazó fuerte y largo….Y me llevó a su casa…iba yo a cumplir once años”.  Esto sucedió en 1907, cuando tenía doce años.

Estando en la casa paterna, empieza a firmar como Augusto C. Sandino.   Pasaba el tiempo en ayudar a su padre y jugaba con su hermano Sócrates y los otros niños.  Dedicaba un buen tiempo a fabricar soldados de cera y organizar grandes batallas que eran un espectáculo para sus vecinos.  Empezaba a formarse, sin saberlo, como el futuro estratega de la guerra de guerrillas en las montañas segovianas de Nicaragua.

Testigo de la muerte del General Benjamín Zeledón

En agosto de 1912, al mando del general Butler, los marines de Estados Unidos ocuparon la capital, Managua, Granada y León, para evitar el derrocamiento del gobierno del conservador Adolfo Díaz Recinos, que afrontaba un levantamiento de parte de los liberales.

En el mes de octubre de 1912, tuvo lugar  en La Barranca, departamento de Masaya, el combate final entre las tropas liberales que lideradas por el General Benjamín Zeledón Rodríguez y las tropas del ejército conservador y los marines yanquis.  Entonces Sandino tenía 17 años y fue testigo de este acontecimiento histórico que inflamó su espíritu antimperialista.

Así lo narró el General Sandino: “El 4 de octubre de 1912, en la madrugada yendo yo en camino a una de las haciendas de mi padre, escuché descargas de fusilería (…) Se oía arreciar un formidable combate que se había entablado entre 2,000 soldados de la marina unidos a 15,000 vendepatrias contra 500 hombres del General Zeledón”.

Ese mismo día matan a Zeledón, y Sandino ve pasar el cuerpo acribillado por las balas, tirado en una carreta, camino a Catarina, pueblo ubicado a dos kilómetros de Niquinohomo, donde sería enterrado.

Los años en la marina mercante

Entre 1913 y 1916, Sandino abandona la casa paterna, viajó a la frontera con Costa Rica donde trabajó como ayudante de mecánico en la hacienda de un tío suyo por cuatro meses.  Llegó a San Juan del Sur y se embarcó como mecánico.  “Viajé por mucho tiempo, cambiando de barcos y aprendí a maquinista (…) Economicé dinero y regresé a Niquinohomo a fines de 1919.”  En 1919, Sandino con 24 años  se convirtió en colaborador de su padre a quien ayudó a acrecentar sus negocios de granos básicos, con su ayuda don Gregorio duplicó su capital.  Luego Augusto C. Sandino llegó a tener su propio negocio de granos.

El nuevo exilio en Honduras, Guatemala, México

Por causa de un altercado con otro joven de Niquinohomo tuvo que salir nuevamente del pueblo a finales de 1920.   Estuvo un tiempo en la Costa Atlántica, y posteriormente trabajó por dos años como mecánico en el ingenio de azúcar Montecristo, en La Ceiba, Honduras.

En 1923 se fue de La Ceiba hacia Guatemala, donde fue contratado como mecánico en las bananeras de la United  Fruit Co.    A finales de ese mismo año, viajó a México, donde se desempeñó en varios puestos: comerciante, obrero de la South Pensylvania Oil Co. en Tampico, y empleado de la PMF Co, en Álamo.

El 17 de agosto de  1925 se instaló en Cerro Azul, cerca de Tampico, donde trabajó como gerente de una gasolinera de la compañía petrolera estadounidense Huasteca Petroleum Co.  En esta época, Sandino, conoció de cerca la Revolución Mexicana y las luchas sindicales.  Se profundizó su formación política al participar en los círculos de estudio.  Sandino era miembro del Sindicato Único de Trabajadores y participa en las Asambleas.

En las Minas de San Albino

Después de una ausencia de seis años, Sandino, volvió a su añorada patria en junio de 1926.   En León se unió a un grupo de jóvenes obreros, con quienes se fue a trabajar a las minas auríferas de San Albino, en el departamento de Nueva Segovia.   Su retorno fue motivado por el deseo de volver a su pueblo y contraer nupcias con su prometida Mercedes, pero también venía consciente de los acontecimientos políticos y su posición desde joven y acrecentada en México, contra la intervención extranjera y contra los conservadores pro imperialistas.

«En vista de los abusos de Norteamérica en Nicaragua, partí de Tampico, México, el 18 de mayo de 1926, para ingresar al Ejército Constitucionalista de Nicaragua, que combatía contra el régimen impuesto por los banqueros yanquis en nuestra República».

El 26 de octubre de 1926  junto a compañeros trabajadores  San Albino se alzó en armas y se unió al ejército constitucionalista.  El 2 de noviembre de 1926, dirigió un ataque exitoso contra el cuartel de los conservadores en El Jícaro. A raíz de este combate fue reconocido por los jefes militares liberales como General en Jefe del Ejército de Las Segovias.

El Día de la Dignidad Nacional

El 4 de Mayo de 1927 se suscribió en Tipitapa el llamado “Pacto de Espino Negro”, entre Moncada y Henry L. Stimson, representante de los Estados Unidos.   Todos los jefes militares obedecieron este acuerdo, menos el General Sandino.   Ese mismo día Sandino, declaró el inicio de la Guerra Nacional contra la intervención yanqui y el gobierno entreguista de José María Moncada.  El 2 de septiembre de ese mismo año se creó  el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, en cuyas columnas guerrilleras se integrarían miles de hombres y mujeres humildes y valerosos.

El triunfo, la paz y la traición.  El Martirio de Sandino

Tras seis años de lucha, en los que las tropas estadounidenses no pudieron vencer a Sandino, el presidente Herbert C, Hoover, ordenó retirar las tropas interventoras de Nicaragua.  Los marines abandonaron el país un primero  de enero de 1933: un «pequeño ejército loco de voluntad de sacrificio» había derrotado una de las potencias económicas y militares más poderosas del mundo.

Siendo  presidente Franklin D. Roosevelt, se inició a negociar la paz.  Sandino envió al nuevo presidente liberal, Juan Bautista Sacasa una propuesta de paz, la  que fue suscrita el 2 de febrero del año 1933. Sin embargo, la Guardia Nacional (que los yanquis habían dejado instalada en Nicaragua, tras el  retiro de sus tropas) seguía persiguiendo y asesinando a los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional y sus colaboradores.

El General Sandino quería detener estos ataques y construir una paz verdadera. Su último viaje fue a Managua. El 21 de febrero, al bajar la loma de Tiscapa, luego de una cena con Sacasa, fue capturado y asesinado a traición como parte de una trama dirigida por Anastasio Somoza García.

Nicaragua nunca volvió a ser la misma. Desde entonces está en el corazón de todos los que tienen un corazón para amar a Nicaragua.

El General Augusto C. Sandino fue declarado Héroe Nacional por medio de la Ley N° 711, publicada en la Gaceta Oficial n° 14 del 21 de enero de 2010.

Sandino, 125 años después,sigue siendo, como resaltó en sus reflexiones el Comandante Carlos Fonseca, «el héroe guerrillero nicaragüense cuyo nombre ha pasado a ser el símbolo de la ya secular lucha de los pueblos de América Latina contra el imperialismo yanqui».

Fuentes:

– José Román (1979).  Maldito País.  Managua, Nicaragua.  Editorial Amerrisque.

– Instituto de Estudio del Sandinismo (1986). Ahora sé que Sandino manda. Editorial Nueva Nicaragua

– Carlos Fonseca. Pensamientos sobre Sandino. Suplemento a una de las ediciones de Barricada impresa, 1982. http://www.sandinovive.org/carlos/pensamientos82a.htm#III

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