Artículo de Elena Martínez, militante antifascista, comunera e internacionalista.

 El pasado viernes 9 de noviembre, en el marco de las Jornadas Antifascistas (2018), se realizó una charla en el Ateneo Popular de Alcorcón titulada “Las estrategias de la extrema derecha en América Latina”, para lo cual fueron invitadas tres compañeras para que expusieran su visión, además de mi persona a quien propusieron presentar y moderar el debate.

 En la propia presentación se introdujo la idea de que teníamos que prestar atención a lo que ocurre con Latinoamérica, ya no solo por una mera cuestión de lucha anti-imperialista, de solidaridad internacionalista o por el avance del fascismo allí al igual que en Europa, sino en claves propias; por un lado por las consecuencias que tiene lo que ocurre en el marco global, también por el papel que juega nuestro Estado como caja de resonancia para introducir en el Estado y en la UE el apoyo a golpistas, exigir injerencias y sanciones contra países soberanos… pero también porque, como ya recogen algunos medios, están pretendiendo hacer de Madrid un nuevo Miami para las distintas derechas latinas.

Más allá de las palabras, de las distintas ponentes y sus interesantes aportaciones, acontecería una lección práctica que, por eso mismo, fue tremendamente pedagógica y esclarecedora: vivimos en Alcorcón una perfecta metáfora de lo que se vive en Nicaragua.

Antes de que comenzara la charla, nos habían avisado de que circulaban en distintas redes de organizaciones y personas que colaboran en Madrid con la campaña contra el Gobierno sandinista de Nicaragua, mensajes donde se llamaba al boicot, y no se empleaban argumentos políticos más allá del “apelativo” de llamarnos fascistas, sino básicamente insultos, además de un carácter machista, contra la persona que haría de ponente sobre Nicaragua, tales como puta, hija de puta, “sandirata” o cuestionar su trabajo y compromiso político por “ser pareja de”. No parecía un llamado a la discusión política y a la confrontación de proyectos. Sabíamos que ya habían ido a boicotear intervenciones en otras charlas sobre el apoyo a la Nicaragua sandinista.

Desde el principio fueron reconocidas algunas personas –que ya habían boicoteado otros actos- en las que se percibió una actitud agresiva y desafiante (por ejemplo, ir fotografiando, con el móvil delante de las caras, a los asistentes). La ponente, y en general el acto, comenzó con esa tensión.

La charla por supuesto no iba a ser suspendida por esto. El acuerdo era que quien viniera a escuchar, a hablar, a discutir, a disentir en todo lo que considerara, por supuesto era bienvenido/a. No solo es positivo, sino necesario y legítimo, que en la izquierda exista critica, así avanzamos tod@s, con diversidad de opiniones, posturas diferentes que democráticamente defendamos, que hagamos frente a esas contradicciones, diferenciando las que son en el seno del pueblo, con las contradicciones con el sistema.

Por nuestra parte, en el debate daríamos la voz a quien la pidiera, pero del mismo modo, antes velaríamos por respetar la voz de las personas invitadas a hablar. Habrá quien vea también positivo, necesario y legítimo elevar el tono de esa discusión y pueda llegar a defender el boicot político de la intervención de un ponente con quien tengan grandes diferencias. Ni siquiera estábamos ante eso, era otro “boicot” y no solo a la ponente de Nicaragua. No iban a escuchar, ni a compartir su visión, iban a reventar. Lo fundamental, y eso fue lo tremendamente esclarecedor, es que no iban solo a reventar la intervención de la compañera que hablaba de la Embajada de Nicaragua y su persona, ya que no fue sino un ataque político a ella, a su persona y su integridad física; iban a reventar todo: el acto, las otras ponentes (que hablarían sobre Brasil y Colombia), al público, el debate, el local.

Que mejor metáfora para entender lo que ocurre en Nicaragua. Afirmamos esto porque fue después de que hablara la ponente de Nicaragua, después de que se marchara, y cuando todavía quedaba la compañera de Colombia y el debate, cuando algunas de esas personas que presuntamente andan haciendo campaña contra el Gobierno sandinista de Nicaragua, llamaron a la policía para denunciar una agresión que no tuvo lugar, más allá del clima que generaron con su propia agresividad contra la ponente y contra el acto en general. Repito, esto después de que la intervención sobre Nicaragua hubiese acabado, con lo cual eso no era ya el objeto de boicot.

Un despliegue de cerca de 15 policías locales, varios policías nacionales además de algunos de paisano se personaron en el lugar. Esto por sí solo es ya llamativo, ¡qué despliegue, qué rapidez!

El lugar no era otro que el Ateneo Popular de Alcorcón, un local que nació a raíz del 15M y que como tantos tiene que hacer frente a la represión, en concreto a bastantes miles de euros en multas. Un local que quizás no pueda seguir fruto de esa represión económica. Pero esto les dio igual, por supuesto. Con la policía fuera y varios compañeros entrando y saliendo para intentar resolver el acoso, la charla de la compañera de Colombia no pudo desarrollarse con normalidad, la tuvo que dar por terminada al no reunirse los mínimos para realizarla.

En lo que los compañeros/as que estaban fuera trataban de zanjar el tema con la policía, se dio paso a un breve turno de palabra al público. A pesar de todo, una de las personas que pidió la palabra y a quien anoté para concedérsela fue una de las integrantes del grupo de esas reventadoras que seguía dentro de la sala.

Un compañero entró al local con algún policía para exponer la situación: cuatro personas tenían que salir a dar su DNI para ser identificadas y a esas se les acusaría de una agresión; si esto no se hacía de inmediato la Policía Nacional reventaba la puerta y entraría a por cuatro. Fue en ese momento cuando se dijo que la charla se paraba definitivamente quedando sin dar la voz a las personas que la habían pedido. Tocaba buscar evitar las identificaciones aleatorias, que sabemos cómo acaban, e intentar que no hubiera mayores problemas para el local, más de los que ya se estaban generando.

Fue justo en ese momento también cuando la persona que había pedido la palabra evidenció que lo único que le importaba es que no fuera a poder hablar. Mientras yo le ofrecía a la policía que solo me identificara a mí y se fueran, a mi lado gritaba que le diera turno para hablar. Mientras la gente pensaba en esa situación de represión y ataque al local, ella, antes de irse junto con el resto de reventadoras y la policía, gritó un discurso sobre la represión en Nicaragua.

No sé quiénes serán en concreto esas personas, su trayectoria, sus ideas, pero tengo claro sus hechos y su proceder, su estrategia. Dejando a un lado quien haga una crítica desde el sandinismo, quienes tienen el altavoz, muchos recursos y demasiados y sospechosos apoyos, son algunos que centrando su crítica en Daniel Ortega lo que hacen es intentar reventar todo el sandinismo y sus avances, del mismo modo que en Alcorcón, defendiendo un boicot a la ponente de la embajada, lo que buscaron fue intentar reventar todo el acto, un local popular, denunciar a asistentes al acto… contando también con un -curiosamente- eficaz y generoso despliegue policial (que podríamos comparar por ejemplo con lo acontecido durante el asedio al local cultural de la Embajada de Venezuela en el mes de mayo del año pasado).

Desde 1854 en que Nicaragua sufrió la primera invasión yanqui y al año siguiente un gobierno títere al servicio de los intereses de Estados Unidos, no han cesado las injerencias, dictadura somocista, gobiernos neoliberales, 30 intervenciones, contrarrevolución, asesinatos… con las únicas excepciones de la Revolución sandinista y el triunfo de su proyecto, también en procesos electorales con respaldos democráticos masivos. Si esta es la historia de Nicaragua en estos últimos dos siglos, ¿por qué lo de ahora no va a tener nada que ver? Si en el conjunto de Latinoamérica -al igual que en Europa- está habiendo una ofensiva de la extrema derecha, un aumento de las agresiones imperialistas, en Honduras, Brasil, Colombia, Venezuela, Ecuador… ¿por qué justo lo que está ocurriendo en Nicaragua no va a tener nada que ver? Si están intentando acabar con el ALBA, ahí está la reciente salida de Ecuador y el incesante acoso a Venezuela, el NO de nuevo de EEUU e Israel al levantamiento del bloqueo contra el pueblo cubano… ¿por qué lo que ocurre en Nicaragua, otro de los países miembros del ALBA, no va a tener nada que ver? Hay quien usando las causas legítimas del feminismo, el ecologismo, la profundización en la lucha revolucionaria… pero sin ser parte de ellas, las están usando precisamente para destruir los logros que estas han conseguido en diferentes procesos.

 Ya nos han señalado antes tiranos a los que odiar, sea en Ucrania, Libia, Venezuela… por supuesto siempre al tiempo que nos dicen cuáles son las democracias ejemplares: Colombia en Latinoamérica, Israel en Oriente Medio o la hermanada monarquía de Arabia Saudí, tan modélicas como nuestra propia Transición.

Más allá de la metáfora de lo ocurrido en Alcorcón, me gustaría antes de acabar señalar otro ejemplo más que evidencia que bajo la crítica a Daniel Ortega, en Nicaragua y aquí, están atacando espacios políticos de lucha poniéndolos en peligro. Me refiero a como se está tratando de imponer una postura en espacios colectivos que, cualquiera que haya militado, sabe lo que cuesta construir y mantener. Es legítimo defender tu proyecto si es que es parte de ese espacio, de ese proyecto, aunque solo se comparta en lo táctico. En determinados espacios de confluencia feminista por ejemplo se ha llegado a dejar de lado el debate sobre vientres de alquiler y prostitución, a pesar de la centralidad de este tema y las decisiones que se están tomando sobre ellos, sosteniendo que es necesario reforzar los aspectos comunes y que después cada organización lleve por su lado su línea. Sin embargo, y a pesar de que tampoco haya postura común, en reiteradas ocasiones se ha generado tensión pretendiendo que el movimiento feminista, los espacios del 8M, etc. se posicionen contra el gobierno sandinista.

 También en otros espacios internacionalistas, todavía en proceso de consolidación y que funcionan a partir de unos mínimos en común, se está buscando imponer ese posicionamiento, conscientes de que no hay acuerdo para ello, por lo que sería a costa del espacio común que dejaría de serlo. Prácticas que aparte de muchas cosas, cuesta leerlas como feministas.

Defender nuestras herramientas y espacios, que tanto nos cuesta construir, debe ser un llamado para tod@s. Frente a reivindicaciones de cartón piedra que abren la puerta a la derecha, esto no es solo solidaridad internacionalista, es dar una repuesta que debe ser común y contundente frente a estrategias que aquí buscan reventar movimientos y espacios de lucha. Estamos en una fase muy importante de la lucha popular, cada día hemos de aprender de cada experiencia, porque no nos van a regalar nada. Hacemos un llamado a la reflexión para no permitir estos hechos. No lo vamos a tolerar.

Fascistas ni de aquí ni de fuera.

Frente al “Madrid Miami” estará el Madrid del No Pasarán.