Iritzia / Opinión

Colombia: cinismo criminal sin límites

CINISMO CRIMINAL SIN LÍMITES 
  Escrito por Carlos Fonseca Terán (05/05/2021)
 Van 31 muertos en Colombia. Ninguno es policía ni soldado; todos son manifestantes. Ningún civil sale a las calles a defender al gobierno. ¿Qué significa eso? Que es una rebelión popular no armada y que las autoridades están masacrando al pueblo. ¿Qué dicen las grandes empresas de la comunicación? Que la violencia se ha apoderado de las calles. Si los que llamaran a protestar no fueran los sindicatos y los indígenas, sino la empresa privada, y si las protestas no fueran en contra de las políticas neoliberales de un gobierno de derecha, sino pidiendo “democracia” e intentando derrocar a un gobierno de izquierda, y si las protestas fueran financiadas y apoyadas políticamente por Estados Unidos y la Unión Europea, ¿qué dirían las grandes empresas mediáticas? Que el gobierno está masacrando al pueblo que se manifiesta pacíficamente, aunque en ese caso con toda seguridad, habría muertos en defensa del gobierno, y habría policías muertos, o sea que no sería lícito hablar de masacres. Venezuela en diferentes ocasiones y Nicaragua en 2018 son buenos ejemplos al respecto.
Hace tres años en Nicaragua la derecha golpista, al llamado de la empresa privada, la jerarquía católica, los ONGs financiados por Estados Unidos y los medios de desinformación a su servicio, trató de derrocar al gobierno sandinista, muriendo como consecuencia alrededor de 200 personas, más de la mitad sandinistas, entre ellas 27 policías, y las muertes de sandinistas fueron en su mayoría por asesinato a sangre fría (algunos luego de ser secuestrados y torturados), mientras las muertes de opositores golpistas fueron en enfrentamientos armados. Ante la violencia contrarrevolucionaria el pueblo nicaragüense salió masivamente a las calles en defensa de su Revolución y se organizó para enfrentar y derrotar el golpe, como lo había hecho ya en los años ochenta frente a la agresión imperialista de entonces, de la misma manera que antes de eso se había insurreccionado bajo la conducción del Frente Sandinista para derrocar a la dictadura somocista, impuesta por el imperialismo norteamericano. Las diferencias quedan en evidencia, entre rebelión popular e intento de golpe de Estado de nuevo tipo, de los que promueven ahora las potencias imperialistas y sobre todo, Estados Unidos.
La masacre de la que es víctima el pueblo colombiano no comenzó con las actuales protestas. Es una realidad permanente y silenciada por las empresas capitalistas de la manipulación mediática, que hacen de la información una mercancía y de la comunicación un arma de la desinformación. Alrededor de 250 ex combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, militantes del partido Comunes, han sido asesinados desde que se firmaron los Acuerdos de Paz en 2016, mientras los medios de desinformación, la OEA, la ONU y la farándula guardan silencio. Algo parecido ocurrió en la misma Colombia a finales de los años ochenta y durante los noventa, con otros Acuerdos de Paz, luego de los cuales, decenas de candidatos y de concejales y diputados de izquierda electos fueron asesinados, incluyendo dos candidatos presidenciales en dos elecciones seguidas. A esto hay que añadir el genocidio permanente cometido con el asesinato sistemático de líderes sociales, a los que en un momento dado el Ejército hacía pasar como guerrilleros muertos en combate, en lo que fue el tristemente célebre caso de los falsos positivos.
Esa misma derecha proimperialista que finge demencia frente al genocidio del narcofascismo uribista, acusa a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua de violar los derechos humanos, a la vez que respalda el bloqueo a Cuba, la guerra económica contra Venezuela y las agresiones económicas a Nicaragua. Definitivamente, el cinismo criminal del imperialismo y sus sirvientes no tiene límites.

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